La gran gran guerra
Agarre la chaqueta y una botella de vino a medio tomar, y salí de
ese departamento, sin prestar atención a sus palabras. En el espejo del
ascensor se veía mi silueta, rancia, una forma aburrida y agotadora. Al abrirse las puertas en el piso cinco, me asuste,
escondí la botella entre la chaqueta de cuero, y me di cuenta que no estaba muy
sobrio, es más, me costo mantenerme quieto, al momento que entraron dos
auxiliares del condominio (lo digo por su ropa). –Chao buenas noches.- dije al
salir como una pelota saltarina de la cabina, moviéndome torpemente con
espasmos aleatorios.
Me deje besar por el frío, y tome un gran sorbo de vino, estaba en
una calle demasiado oscura, no podía ver bien de donde habíamos venido, eran
las 4 de la mañana, y no pasaba ningún auto. Los perros hacían retumbar sus
andares cansinos en la calle, y me aleje rápidamente del departamento, mientras
sacaba mi celular del bolsillo del pantalón. Me alejaba de aquel ejercito
maldito, corría de los muertos, vi en aquel carrete a todos esos soldados, a la
jime, relucía un uniforme manchado de rojo sangre.
![]() |
| Photo by Rodion Kutsaev on Unsplash |
Estábamos en la tercera guerra mundial, aunque debido al cambió de
estrategia en este conflicto, debería llamarse la gran gran guerra, esos weones
ni siquiera me caían bien, se notaba demasiado como me miraban con pena, como
si fuera yo el que estaba mal, aunque si, yo estoy muy mal, pero mis disparates
son cánticos a la vida, son bailes de tribus africanas, no son sus
ornamentaciones vagas, de foto de faceboock, de hashtag; algún filosofo weon
que ni siquiera estudian, sus preocupaciones son la estupidez más
insignificante que se podría imaginar, yo estoy mal, sufro, tengo hambre y
depresión, creo tener un problema con las drogas, pero vivo, estoy vivo por
dentro y por fuera, y mi vomito es más profundo que sus huecas aspiraciones,
esta mierda ya me esta aburriendo, me agota el no saber el por que de todo
esto, por que de la guerra, las juventudes siempre fueron revolucionarias, y
sus padres eran los conservadores que mantenían el mundo girando, pero esos
jóvenes revolucionarios se casaron, formaron familias y salieron de vacaciones,
se convirtieron en padres conservadores, y ayudaron a que el mundo siguiera
moviéndose. Esto es un ciclo, todos lo saben, el renacimiento del siglo XV, se
oxido en 3 siglos, y ¿cuantos siglos vinieron para el nuevo renacimiento?, yo
lo se, un día hizo falta para que el humano diera otro paso, y moviera el
mundo, giró, giró, giró, y ahora de nuevo los jóvenes rompen los viejos
estandartes, sin saber que están amueblando el hogar de nuevas mentiras, las
definitivas, son estas mentiras de las que yo estoy descargándome ahora, las
mentiras de la gran gran guerra. Esta será la última, no habrá mas nada, esta
guerra esta matando a todo el puto mundo, y su destrucción es total, no es
napalm, no es un genocidio ideológico, ni siquiera hay ideas, religiones, ni
valores detrás de esta masacre. Iba yo una vez más con mis abstracciones
inútiles, miraba por la ventana (pedí un uber y llego a los 5 minutos), el
paisaje se iba mimetizando con mis ideas de monotonía.
–¿En donde te dejo?-,
-déjame en la plaza hermano, ¿ querí vino?-
- No gracias compadrito, mi señora ahora sí me mata si llego con
olor a vino-
-¿querí un cigarro?-
-uuuuf porfavor- dijo abriendo la ventana y acelerando, para
entrar a la costanera.
La conversación con el Juan, fue buena, en el sentido de que me
reí mas que la cresta, tenía una forma de contar historias que no iban a nada,
pero tenia carisma, y bueno, sentado en la oscuridad del asiento trasero, me bajo
la curadera. El Juan me conto que se había casado a los 15 años, que lo
mantenían sus suegros hace mas de 6 años, y que juntó plata para comprarse el
auto que ahora manejaba de uber, imitó al suegro dando gritos y escupiendo
humo, me pareció ver chispa en aquel flaite de vida pausada (según sus historias),
y pensé que la vida a veces solo era injusta, y aunque uno sea un día lindo,
una risa sorda, la vida te puede moldear haciéndote cagar.
-ya compadrito, son 10 mil-.
-Toma hermano- Le pase el billete azul, mirando el balazo que
tenía en la frente.
Eran las 5 de la mañana en punto, estaban los borrachos en sus
trincheras, acurrucados del frío, y llegaban los primeros ferianos a instalar
sus puestos frente a la plaza que estaba desolada. Estaba ahí en el frío,
viendo como los viejos junto a los pionetas paraban sus puestos, trancando
fierros, y estirando paños sucios, me rasque la cabeza, y al cerrarme la
chaqueta, me di cuenta que tenia algo de vidrio en el bolsillo del pecho, me
cayo un regalo del cielo, tenia una petaca de pisco en la chaqueta, la había
comprado para tomármela con la Jimena, y cuando la abrí, vi sus ojos
transparentes, se formo junto a mi embriaguez que volvía mas fuerte que nunca,
el cuerpo de mi amor, de esa muerta, de esa muerta viva que desprecio el vino,
que me desprecio junto a los muertos que tenía por amigos y conocidos.
-¿qué te pasa weón?-
-¿por qué, que onda?-
-Te había dicho que iba a llegar temprano al metro y ni siquiera
me llamaste, y llegaste curao webiando a todo el mundo, le dijiste al Jaime que
era un racista, cachai que si no es por mi te pegan, y te echan pa la calle.-
-Pero jime, no estoy curao y aparte el weon es entero nazi lo
único ….
-ya chao, no voy hablar contigo ahora, ándate a costar estay dando
la cacha.
Me dieron ganas de vomitar, y con la rabia y el asco, busque mis
cosas, no me quedaría ni cagando.
Solo me tome la mitad, me dieron unas ganas de vomitar explosivas,
y termine vomitando en las palmeras, con la cabeza agachada y limpiándome la
boca, me sentí solo, yo no era feriano, no era muerto, no estudiaba en la
chile, no me gustaba el teatro ni la poesía, me gustaba el vino y amaba con
locura a la jime, pero ella no estaba viva, la gran gran guerra la mato en la
universidad, y no la quise patiar, aunque claramente le hacia mal, aunque yo
estuviera vivo, ella era mucho mejor que yo, pero yo no vine hacer bueno, ni
inteligente, vine a vivir y luego me iría en silencio.
-Monito, ¿se siente bien? Va a llegar tarde al trabajo-
Chucha ¿tenía que trabajar? ¿qué hora es? ¿ y la jime? Agarre el
celular, y vi el mensaje, tenía 9 llamadas perdidas de la jime, 2 del claudio y
4% de batería. Me pare, y vi la polera de slayer, que reposaba en la alfombra
verde, a los pies de mi cama, tenia restos de vomito en el pecho, y me reí, vi
el negro mezclado con el rojo del vino, el pisco y los restos de comida,
estampados en aquel regalo, que me dio la jime por nuestro sexto aniversario.
-Oiga ¿ se despertó?- Me pregunto mi vieja golpeando la puerta.
-Me llamó el Claudio, me dijo que se iban a atrasar en llegar a
Santiago, pero ya son las 12, llámalo haber donde están-
-Ya vieja tranquila, lo llamo cuando salga de la ducha.-
Salte al baño, teníamos la mierda de reunión hoy día, y claramente
iba a llegar atrasado, me saque los calzoncillos y me metí a la ducha, hice
salir el agua fría que me resbalaba haciéndome tiritar, junto al frío en la
cabeza apareció un retazo de caña, dolor de cabeza culiao, y mientras me
enjuagaba el shampoo, con los ojos cerrados me imaginaba la cara de la jime,
ella igual me amaba, aunque yo fuera una mierda, pero no iba a seguir con esta
estupidez, me imaginaba sus lagrimas y sus gritos, mientras yo le decía que no
podíamos seguir juntos. Ya era momento de irme a la mierda, no sabía como
explicarle a la vieja, la sangre de mi cama, me trataba de sacar la bala que
estaba en mi estomago, pero no podía, se desprendía a borbotones la sangre,
casi negra desde el pliegue bajo mi ombligo. Al fin había perdido la guerra, al
fin estaba en una parte de la anchura, por fin entendí que lo que yo creía que
era vida, no lo era, y que al menos en la muerte, podría estar tranquilo, y no preocuparme
por tomar un uber, por ser fiel, por ser un borracho o por mi viejita, que
tanto me cuidaba.
-Mono, el calefón esta apagado.- -Aaahhiiii Luci!
Un fuerte estallido en forma de auxilio, me golpeó, pero ya no
quería más, la sangre me cubrió en la ducha, mi viejita gritaba con el celular
en la mano, su mano se sumergió en la sangre, sacándome la cabeza, haciéndola
chocar con la ducha, ya no sentía nada. –¡Oscar trae el auto! ¡mierda, el
luci!-. Antes de dejarme llevar, veía las angustiosas muecas de mi vieja,
ahogada en un grito intermitente, el frío, ya me había echo de piedra y cerré
los ojos en forma de despedida, chao vieja, ¡sabía que tu estabas viva!.

Comentarios
Publicar un comentario